domingo, 10 de junio de 2007

Recordando

Cada vez que hablo con Rolo terminamos discutiendo sobre un tema bastante jodido: Crecer. Cambiar. “Madurar”. Mentiras estúpidas, puta madre.
Y es que ya ando harto de siquiera darme y estar haciendo cada vez más huevadas de tío. No sé, pensar en buscar prácticas, saber que en pocos meses estaré inevitablemente chambeando para alguna empresa de porquería. Botar o donar toda mi ropa rota y desteñida. Consumir menos marihuana (aunque eso es por otra cosa, ya hablaré al respecto)
La situación comienza así: uno termina el colegio e ingresa a una universidad (hablo del caso de mis mejores amigos, no del común de los mortales de este país). En la universidad se es feliz en esos primero instantes: hay más tiempo libre, te joden menos, tus viejos te joden menos, no usas uniforme ni rezas a un dios en el cual no crees ni cantas un himno de una patria que no elegiste. Te sientes un ser hecho y derecho. Pero así no es la vaina.
En poquísimos años estarás ya buscando chamba como loco, los gastos son mayores, la gente también es muy estúpida (hay que aceptar que, en porcentaje, los hay menos que en el colegio, aunque también depende de la universidad), entre otras cosas que no vale la pena enumerar.
Entre nosotros fue Koki quien comenzó con toda la huevada, un día el pastrulazo de pelo greñudo y jeans llenos de roturas y pintura se consiguió un pantalón de dril, una camisa, zapatos bonitos y corte de pelo decente. Daba asco. No lo reconocía ni su vieja.
Y fue en esa época en la que mis pocos amigos de la promoción decidieron juntarse. ¡Carajo! La gente estaba bien pulcra (bueno, como siempre), hablando de sus proyectos de negocios, pequeñas empresas y futuras esposas. ¡Y teníamos sólo veinte putos años! Sólo habíamos dos pelucones, uno que es un caso terminal de abuso de drogas, y yo, que si bien no estoy tan cagado, para ahí voy. Mi ropa era la de siempre, una polera azul no muy vieja sobre un polo negro viejo, un jean viejísimo pero aun no roto y tabas hechas mierda. Peinado cachetada y cadena para las llaves. Además, ganas impacientes de que todo termine rápido para safar a Quilca, donde había quedado con una gente en ir a una exposición en El Averno, y a tomarnos unos vinos de dos por cinco lucas. Por este tiempo estaba con flaca. Estaba contento.
Y pues, la cuestión no terminó rápido. La gente se empiló, volvieron las bromas de antaño, aproveché en mentarle la madre a todo mundo y que, como todos eran estimadísimos de mis padres, no me joderían si llegaba a casa al día siguiente; además de que todos los gastos corrían por cuenta de la gente (como siempre, no tenía donde caerme muerto)
La continuamos en casa de otro pata, y luego en la de otro pata. Obviamente nadie se la pegó, ni siquiera yo ya que estaba al otro extremo de la ciudad sin nada más que un par de soles. Me jalaron en taxi hasta la Arequipa, donde había combis de sobra para mi casa. Y pues, todo el trayecto en combi fue un reflexionar de la exposición que me perdí y de lo viejo que uno puede llegar a ponerse.
Yo no pensaba estar así en por lo menos unos 50 años, tiempo suficiente como para mandar mi vida al carajo y pedir la eutanasia cuando eso pase (imagino, tengo esperanzas, que en esa época la eutanasia sea legal).
Pero como nadie puede negarse a sí mismo, y menos alguien tan auténtico y procaz como Koki, volvió a los pocos meses recargado, con ropa sencilla, alcohol, marimba y cocaína. El que todos conocemos y queremos, carajo.
Y pues, acá estoy, a un año de terminar mi carrera, buscando chamba como loco debido a mis numerosas deudas, mal trajeado, bajando a conciertos chikipunk y destroys para tomarme unos cuantos thunders que me hagan ver más allá de lo evidente, siempre alerta cuando algo de fruta se presenta y sin hacerle mala cara a otros ricos aderezos.
Toco mucho punk y huevadas ruidosas que a nadie le gustarán, visto como se me da la gana, el pelo como me gusta, diciendo las cosas que pienso sin importarme si hiero a alguna chica susceptible o algún hipócrita rosquete. Mi vida es casi plena, no feliz (la felicidad es imposible, señores), pero tranquila, con unas cuantas necesidades que satisfacer, pero mientras mi juventud me dure, creo que estamos bien.
Mañana ensayaré lo de siempre, temas de punk 77 y del mal llamado Rock Radikal Vasko. Luego, huevearé, veré una película, tendré clases. Avanzaré mi puta tesis correteando como demente y así seguiré. Por el momento todo está bien, pero mañana ¿qué irá a pasar?

1 comentario:

Kyemo dijo...

Nos parecemos en mucho, somos lo q somos pese a kien le pese, nos gusta la musik basura, la ropa vieja. En mi kso no tuve pubertad, era un perdedor total a los ojos del mundo (siempre pense q simplemnte entndia las cosa d otra manera) Odio los uniformes y amo la U. No xq me prepara para la vida, xq una vida tngo y me encanta, sino xq webeo de lo lindo con mis patas y hablo -o esqcho- cojudeces todo el santo dia. En fin, bienvenido, sigue posteando q revisare tu blog con regularidad. Un abrazo