Yo rara vez me cepillo los dientes.
Me llega al pincho, cuando lo hago me sangran las encías, me gusta escupir sangre pero no me gusta la sensación de ardor. Por esto, hay periodos en los que no me los cepillo para nada, y también periodos en los que incremento mi higiene bucal, pues creo que el hecho de que rara vez me cepille los dientes ha hecho que mis encías se encuentren débiles.
Cuando como, a veces se me quedan arroces o hilachas de carne en las muelas. Es bien jodido, detesto eso. Cuando pasa eso uso la lengua, cuando jode mucho y no pudo ni con la lengua ni con la mano, me cepillo. De ahí uso la lengua y la mano de nuevo y saco la porquería que me jodía. Creo que me cepillo los dientes al menos una vez cada dos días, aunque hay días en que me los cepillo una vez al día, y otros una vez cada tres días. Esos son los promedios.
Creo que esto tiene muchísimo que ver con mi lo que me sucede a menudo. ¿Qué me sucede a menudo? Cosas. Aburridas. A veces jocosas. Casi siempre patéticas. Hace unos días fue cumple de Koki y me la pegué, pero demasiado rápido. Con el primer ron, se acabó la botella y me fui al piso. No literalmente, pero si me embriagué mal y me quedé dormido en un sillón, y sentía un frío horrible, como si tuviera los huesos de hielo. Estaba seguro que eso pasaría porque no había dormido casi nada la noche anterior.
También ando algo retraído estos días. Desganado, deprimido. Se puede deber a mil cosas, cosas que no me importa ni mencionar. Un producto de esto es que me lavo menos los dientes, como antes mencionaba, aparte de ser algo de lo cual casi nunca tengo muchas ganas de hacer. Me da flojera hasta llamar a gente para salir a tomarme algo de trago barato (como siempre, ando corto de dinero).
Lo único que me anima es estar tirado en mi cama, encerrarme en el baño para algo de onanista autocompasión y pensar en lo mucho que me aburre la vida misma.
domingo, 12 de agosto de 2007
lunes, 6 de agosto de 2007
Sueño
Estaba en la casa de mi ex. Ahí estaban ella, su hermano, su ex enamorado (el anterior a mi) y creo que su mejor amigo. Ella estaba completamente desnuda, igual que su ex. Parecía que habían estado tirando, él aún conservaba una erección. El tema de conversación no lo recuerdo, no recuerdo tampoco si era relevante. Yo no quería ver, pero me moría de ganas de ver. De verla a ella, sobre todo a ella. En verdad, exclusivamente a ella. Luego, no quería verla, solo quería explorar en los rostros del conjunto. No había ningún indicio de rechazo contra mí, al contrario, creo que había tanta familiaridad que se traducía en indiferencia.Pdría equivocarme. Prefiero no entenderlo, pero más preferiría no soñar con aquellos temas.
El putañero en Año Nuevo
Hace ya bastante tiempo que no posteo nada. Y pues, es que nada ha pasado, o bueno, sí han pasado cosas. Estoy con una chica que se ha encariñado bastante conmigo, ni sé porqué. Dicen mis fieles amigos que soy una mala influencia para ella, porque soy un ser asqueroso. Tienen razón, pero bueno pues, que se puedo hacer. Por el momento me siento bastante bien.
¿Saben? A raíz de esto me he acordado que mis patas dicen que soy un putañero, un leal parroquiano de burdeles. Ya lo quisiera, nunca tengo el dinero suficiente. Además, hay que ser bien caraduras: las veces que he ido a bulines ha sido con ellos. Y yo no beso a las meretrices con cariño, ni les hago sexo oral con esmero.
Eso fue en la noche de año nuevo de hace un par de años, con Rolo y Koki, y un pata de Koki que ni me acuerdo como se llama. Tampoco es importante, su papel fue tan secundario como el mío aquella vez. La cuestión es que fue el primer Año Nuevo que pasaba con mis patas, habíamos ido a una fiesta de una amiga de Koki. Pocas mujeres, poco agraciadas en su mayoría y con enamorado presente todas. Trago había, combo también. Pero como a nosotros eso no nos sacia, y el ambiente de la fiesta era muy saludable para nuestro gusto, decidimos largarnos una vez que habíamos acabado con una buena parte del alcohol de la fiesta. Así caminamos varias cuadras de Surco o La Molina, no recuerdo. Llegamos cerca a la Universidad de Lima y a Coki casi lo atropella un carro lleno de pituquitos idiotas, a los cuales menté a la madre porque además le tocaron el claxon. Se pararon como quien nos busca pelea, y yo estaba dispuesto a empezarla. Ya había chequeado una piedra que podría estrellar contra la cara del atarantado y luego a su parabrisas para dejarle un recuerdo, pero llegaron Rolo y el amigo de Coki, alegando que estábamos ebrios y que ya fue causa. El colorado arrancó y me llegó al pincho. Tomamos un taxi y nos fuimos a una avenida de Lince cubierta de travestis.
Por cierto, no fuimos por los travestis, sino por los night clubs que hay por la zona. Nadie era aficionado a los travestis ni a ir contra el tráfico, mas bien en esos tiempos Rolo era homofóbico, y parecía esperar que uno de esos pobres putos le suelte algún convenido piropo para soltarle una andanada de puñetes y patadas en sus transformadas caras. Por mi parte, soy antisexista, y preferí evitar esa situación.
Llegamos a un nightclub que estaba desierto, solo habían dos putas que nos desearon un feliz Año Nuevo y se sentaron con nosotros a agarrarnos los huevos. Nos pedimos unas jarras de ron y entramos al privado, donde una de estas putas se calateó, y pues, nada interesante por más que no lo parezca. Koki se la agarró con mucho cariño (cosa que me hizo reír bastante, y a Rolo también). Rolo le hizo una sopa esmerada (cosa que me dio más asco que risa) y yo y el pata de Koki no hicimos mucho, la verdad. Algo que me sacan en cara Kaki y Rolo cada vez que los jodo con eso.
Quizás la fama de putañero me la gané por lo que pasó luego. Salimos del local todos menos Rolo, quien se había ganado una mamada gratis debido a su trabajo bucal. El huevón salió como bueno: caminada lenta, encendiendo un pucho, saludando de lejos (nos habíamos sentado en la vereda del frente, eran las cuatro de la madrugada). Cuando llegó a donde estábamos, me encontraba pidiendo dinero a quien sea, y ya que nadie me prestaba le dije a Rolo que me haga la taba porque quería pagar los servicios de una de las chicas. Necesitaba desesperadamente tirar con alguien. Cuando llegué a donde estaban, no querían aceptar la oferta que minutos antes nos habían ofrecido. No me alcanzó el dinero y me tuve que ir de muy mala gana.
Dormí en la casa de Koki, quien vivía a unas pocas cuadras. Creo q haber renegado buen rato sobre el hecho de que no pude tirarme a una puta, aunque en el fondo me daba igual, incluso era mejor porque no desperdicié mis pocos ahorros.
Al día siguiente amanecí como si hubiera resucitado, pero deseando seguir muerto.
¿Saben? A raíz de esto me he acordado que mis patas dicen que soy un putañero, un leal parroquiano de burdeles. Ya lo quisiera, nunca tengo el dinero suficiente. Además, hay que ser bien caraduras: las veces que he ido a bulines ha sido con ellos. Y yo no beso a las meretrices con cariño, ni les hago sexo oral con esmero.
Eso fue en la noche de año nuevo de hace un par de años, con Rolo y Koki, y un pata de Koki que ni me acuerdo como se llama. Tampoco es importante, su papel fue tan secundario como el mío aquella vez. La cuestión es que fue el primer Año Nuevo que pasaba con mis patas, habíamos ido a una fiesta de una amiga de Koki. Pocas mujeres, poco agraciadas en su mayoría y con enamorado presente todas. Trago había, combo también. Pero como a nosotros eso no nos sacia, y el ambiente de la fiesta era muy saludable para nuestro gusto, decidimos largarnos una vez que habíamos acabado con una buena parte del alcohol de la fiesta. Así caminamos varias cuadras de Surco o La Molina, no recuerdo. Llegamos cerca a la Universidad de Lima y a Coki casi lo atropella un carro lleno de pituquitos idiotas, a los cuales menté a la madre porque además le tocaron el claxon. Se pararon como quien nos busca pelea, y yo estaba dispuesto a empezarla. Ya había chequeado una piedra que podría estrellar contra la cara del atarantado y luego a su parabrisas para dejarle un recuerdo, pero llegaron Rolo y el amigo de Coki, alegando que estábamos ebrios y que ya fue causa. El colorado arrancó y me llegó al pincho. Tomamos un taxi y nos fuimos a una avenida de Lince cubierta de travestis.
Por cierto, no fuimos por los travestis, sino por los night clubs que hay por la zona. Nadie era aficionado a los travestis ni a ir contra el tráfico, mas bien en esos tiempos Rolo era homofóbico, y parecía esperar que uno de esos pobres putos le suelte algún convenido piropo para soltarle una andanada de puñetes y patadas en sus transformadas caras. Por mi parte, soy antisexista, y preferí evitar esa situación.
Llegamos a un nightclub que estaba desierto, solo habían dos putas que nos desearon un feliz Año Nuevo y se sentaron con nosotros a agarrarnos los huevos. Nos pedimos unas jarras de ron y entramos al privado, donde una de estas putas se calateó, y pues, nada interesante por más que no lo parezca. Koki se la agarró con mucho cariño (cosa que me hizo reír bastante, y a Rolo también). Rolo le hizo una sopa esmerada (cosa que me dio más asco que risa) y yo y el pata de Koki no hicimos mucho, la verdad. Algo que me sacan en cara Kaki y Rolo cada vez que los jodo con eso.
Quizás la fama de putañero me la gané por lo que pasó luego. Salimos del local todos menos Rolo, quien se había ganado una mamada gratis debido a su trabajo bucal. El huevón salió como bueno: caminada lenta, encendiendo un pucho, saludando de lejos (nos habíamos sentado en la vereda del frente, eran las cuatro de la madrugada). Cuando llegó a donde estábamos, me encontraba pidiendo dinero a quien sea, y ya que nadie me prestaba le dije a Rolo que me haga la taba porque quería pagar los servicios de una de las chicas. Necesitaba desesperadamente tirar con alguien. Cuando llegué a donde estaban, no querían aceptar la oferta que minutos antes nos habían ofrecido. No me alcanzó el dinero y me tuve que ir de muy mala gana.
Dormí en la casa de Koki, quien vivía a unas pocas cuadras. Creo q haber renegado buen rato sobre el hecho de que no pude tirarme a una puta, aunque en el fondo me daba igual, incluso era mejor porque no desperdicié mis pocos ahorros.
Al día siguiente amanecí como si hubiera resucitado, pero deseando seguir muerto.
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